VENEZUELA Y LOS DERECHOS SEXUALES

          A nuestro juicio el problema más grave en el ejercicio de derechos sexuales en Venezuela lo constituye el embarazo precoz: el 24% de los nacimientos vivos registrados (NVR) en el país ocurre en adolescentes entre los 15 y 19 años: de aproximadamente 600 mil embarazos registrados anualmente en Venezuela, más de 120 mil partos corresponden a niñas y jóvenes venezolanas. Venezuela ocupa el primer lugar en Sudamérica en embarazo temprano. 
             Durante los últimos años ha venido disminuyendo la edad de comienzo de la actividad sexual y las adolescentes no suelen usar métodos anticonceptivos en sus primeras relaciones sexuales. A pesar de que 9 de cada 10 adolescentes conoce los métodos anticonceptivos, sólo 1 de cada 10 los usa y solamente 1 de cada 5 adolescentes conoce su período fértil. Se calcula que alrededor del 7% de las adolescentes embarazadas interrumpen su embarazo. La 3ª causa de muerte en las mujeres de 15-19 años obedece a complicaciones obstétricas. 
          Este alto porcentaje de embarazos precoces en Venezuela pudiera relacionarse con los mandatos sexo-genéricos para las y los jóvenes: “como la necesidad de tener hijos para probar la feminidad o de probar la virilidad a través de la iniciación sexual y la procreación” propias de la cultura machista que prevalece en el país. El embarazo se ve también como vía de escape a conflictos familiares. El ejercicio adolescente de la sexualidad está fuertemente determinado por patrones de comportamiento promovidos por la hipersexualización, en especial de los cuerpos de las mujeres y niñas, manipulados como objeto-mercancía; reforzando así el esquema de dominación masculina y degradando el ejercicio de su sexualidad como derecho humano. En un contexto en donde las mujeres siempre deben complacer a los hombres, las adolescentes no tienen capacidad de negociación con sus parejas para el uso de métodos de prevención del embarazo. 
       
 Por otra parte, se ha evidenciado que el embarazo precoz es mayor en los segmentos pobres. La pobreza y la repetición de patrones familiares y culturales tienen importante incidencia en el problema, la mayoría de madres adolescentes son hijas de madres también precoces, a lo que se suma la irresponsabilidad y/o ausencia paterna. Se refuerza así una cadena de pobreza y carencias: las mujeres que tienen menos educación se embarazan muy jóvenes, generalmente quedan solas con sus hijos e hijas, quienes repiten la conducta.
           La existencia de un proyecto de vida centrado en estudios y realizaciones personales independientes de la maternidad son factores que ayudan a prevenir el embarazo precoz, sin embargo, éste ha aumentado entre las estudiantes. El Decreto 1762 del Ministerio de Educación (1996), por su parte, establece la preservación del derecho de las adolescentes embarazadas a proseguir estudios en todos los planteles del país. Sin embargo, las jóvenes madres difícilmente pueden continuar sus estudios porque las responsabilidades maternas se lo dificultan, ni las escuelas ni las universidades tienen facilidades para el cuidado infantil. La baja escolaridad que alcanzan estas adolescentes y la dificultad para reinsertarse al sistema escolar, tiene consecuencias en su dependencia económica e incorporación laboral, reforzando el círculo y la feminización de la pobreza. 
         Aunque se han implementado algunas políticas públicas por las que se brindan servicios de atención y orientación –incluyendo unidades hospitalarias-, en algunos casos exclusivos para las y los adolescentes; éstos se concentran en tareas de atención y no de prevención. Por otra parte, el problema del embarazo precoz no puede enfocarse solamente desde el ámbito de la salud, es principalmente un problema educativo y sociocultural; la situación en Venezuela revela una desatención importante hacia la educación sexual y el ejercicio de derechos sexuales en condiciones seguras y responsables. 

0 comentarios:

Publicar un comentario

 

Idioma